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El comercio que hace ciudad

Autor: Pablo Fuste López (1) diciembre 2021

Leí hace unos meses un artículo en el diario El Correo sobre una cocinera de Bilbao que tenía mucha fama y el eco de su popularidad aún resuena entre los veteranos de la ciudad. Se le conocía como Mari ‘La Cochina’ y había estado cerca de 70 años cocinando en un restaurante marinero de Uribitarte. Falleció en 1973 y su maestría con los guisos vive en el recuerdo de la mente de aquellos que le añoran. Aunque fue una mujer que trabajó hasta la extenuación, lo positivo de esta historia es la huella que dejó en aquellas personas que acudieron al restaurante bilbaíno.

Lo diferente es atractivo y no siempre más es mejor.

Volviendo al 2021, es importante detenerse a pensar en lo que se puede observar en el comercio tradicional de las principales ciudades. La oleada de globalización de las últimas décadas ha traído consigo un fenómeno de homogenización del comercio .

Cada vez es más común ver grandes marcas de multinacionales en las ciudades haciendo que te puedas encontrar un Zara junto a la catedral de Florencia y en la Gran Vía de Madrid., un McDonald’s en la plaza roja de Moscú, en Times Square de Nueva York o en el Barrio Gótico de Barcelona.

De este fenómeno se podría extraer que estos lugares gozan de prosperidad pues las inversiones de las grandes marcas se dan por motivos económicos y de proyección a largo plazo. Sin embargo, tratando de analizar el fenómeno desde un punto de vista menos pecuniario, creo que no es positivo para la identidad de las ciudades y barrios que se abarroten de grandes cadenas comerciales desplazando los comercios locales y tradicionales. Iniciativas como la del Ayuntamiento de Madrid de homenajear a los comercios centenarios son valiosas para preservar la idiosincrasia y personalidad de las ciudades. Pero los homenajes no son suficientes para sobrevivir. Es importante poner en valor la riqueza que suponen la autenticidad de lo que es tradicional de un lugar, es lo que enorgullece al local y, a su vez, llama la atención del foráneo.

Las nuevas dinámicas de consumo llevan a los clientes al comercio online favoreciendo a las grandes marcas, sin embargo, el comercio local tiene mucho más futuro que el de la situación actual podría augurar.

Ir de compras es mucho más que consumir bienes y servicios, se trata de una forma de ocio muy común ya que te permite disfrutar de experiencias que no se limitan a la compra.

Creo que no se debe olvidar este componente de ocio y cultura que supone el comercio. En este sentido, si uno va a Madrid, en la mayoría de los casos, se obtendrá una experiencia más enriquecedora probando un bocadillo de calamares y dando una vuelta ojeando los escaparates del centro que comiendo en el McDonald’s. La segunda experiencia la puedes obtener en prácticamente cualquier ciudad del mundo. Por tanto, creo que sería valioso que desde las instituciones se trate de impulsar la identidad de las ciudades en las zonas comerciales, así como que los propios locales y los centros comerciales tengan en cuenta aquello que les diferencia del resto. Lo diferente es atractivo, llama la tención e invita a probar.

La prudencia es en muchas ocasiones la mejor consejera.

No se trata de convertir las ciudades y centros comerciales en parques de atracciones por y para el visitante, ni de crear espacios para instagramers y tiktokers.

Tanto las grandes multinacionales como las plataformas de redes sociales son agentes activos de la homogenización del comercio. Pero abusar de lo diferente puede atraer consecuencias negativas. Siendo excesivamente insistente con la publicidad y mercantilización de lo autóctono se acabaría produciendo lo contrario, es decir, que se pierda la verdadera esencia identitaria de las ciudades por una exageración artificial de la misma. Y es que la innovación es totalmente compatible con lo tradicional, así como lo autóctono es compatible con lo extranjero. No se trata de que no se creen nuevas formas de negocio o no se impulsen ideas nuevas, sino de no perder la riqueza de los lugares en donde estamos.

Pablo Fuste López

Master’s degree in International Relations and Business Diplomacy in Deusto

Trainee in Remanagers

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